Desarrollo personal: Mi cuarto camino de Santiago

El camino de Santiago representa una experiencia de desarrollo personal para muchos peregrinos. Particularmente, después de haber tenido una doble experiencia en el Camino en 2013
y haberla compartido en el libro “Haz lo que temas hacer” del que soy coautor, el verano pasado decidí hacerlo de nuevo. Durante este mi tercer Camino recibí la noticia de la publicación de mi libro “Las 52 luces para mi vida” por Ediciones Atlantis. Al terminar el Camino el verano pasado ya me vine con la idea de realizarlo de nuevo.

En esta ocasión, en julio de 2018, lo he realizado con mi libro de autoayuda sobre el crecimiento personal anteriormente citado, desde Sahagún a Santiago de Compostela y he puesto sellos en los capítulos del libro en los diferentes albergues y paradas del camino.

Mi cuarta experiencia de desarrollo personal en el Camino de Santiago

De forma similar a un proceso de coaching, ha sido un Camino que me ha ofrecido la oportunidad de gestionar dificultades. En invierno tuve una rotura de fibras en la pierna izquierda. Fue difícil preparar el camino ya que se me cargaba mucho esta pierna y me tuve que ayudar de masajes y tener paciencia.

Al iniciar el Camino, al quinto día tuve que gestionar una gastroenteritis y tuve que caminar dos días sin comer, solo con suero y con altas temperaturas. Esto me pasó factura muscularmente y
hubo un par de días que tuve bastantes dificultades para caminar.

En estos momentos de adversidad aparecieron personas que mediante palabras, masajes… te hacen tomar conciencia de que si estas abierto y receptivo la vida te proporciona lo que necesitas. Tardé cuatro o cinco días en poder establecer una dieta blanda que mantuve hasta Santiago.
Caminé de forma pausada y disfrutando de la naturaleza. Generalmente no llega antes a los sitios quién camina más deprisa sino quien se mantiene más tiempo en la acción de caminar.
Estas dificultades representan las dificultades que normalmente tenemos que gestionar en el camino de nuestro día a día dando lugar al desarrollo personal.

El afrontarlas con una actitud positiva, tranquilidad, seguridad y confianza en uno mismo marca una diferencia en los resultados que obtenemos. Me he sentido tranquilo, sereno, alegre, contento disfrutando de meter los pies en un arroyo, estar en una hamaca, de las puestas de sol, de compartir, de tener tiempo para mi mismo, de en ocasiones escuchar canciones… Cosas sencillas de las que podemos disfrutar en nuestro día a día pero en muchas ocasiones estamos centrados en nuestras preocupaciones y no nos damos ni cuenta de ello. El último día llegué a Santiago dándome el tiempo, de forma pausada y en silencio.

“Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.” (Bendición Celta).

También es importante celebrar el logro conseguido disfrutando de estar en Santiago, del buen ambiente que hay allí, de reencontrarte con otros peregrinos a los que algunos llevas días sin ver, con los que compartes el mismo objetivo desde otro punto de vista. La celebración tanto en el Camino como en nuestro día a día nos permite consolidar y reforzar los aprendizajes adquiridos y ser más conscientes de ellos.

“Haz de cualquier pequeño encuentro un momento inolvidable… ya que estos instantes quedarán grabados para siempre en tu corazón, definiéndote como persona”. Marcos Nunez, Coach para el desarrollo personal y profesional (Valladolid).

Una pregunta que me han hecho varias personas es que si otra vez hacía el mismo Camino. Como coach personal puedo decir que he hecho el Camino Francés, pero las cuatro ocasiones todos han sido muy diferentes las unas de las otras. El Camino no es repetido porque el momento tuyo es distinto, las situaciones que tienes que gestionar son diferentes, te puedes quedar en pueblos y albergues que no conoces, haces cosas distintas y coincides con gente nueva que entran de forma mágica a tu vida. Los encuentros que tienes con otras personas marcan una diferencia y si te muestras receptivos a ellos te aportan esas experiencias y aprendizajes que la vida tiene reservadas para ti en ese momento.

Es una experiencia donde trabajas la relación contigo mismo, que te permite encaminarte al bienestar (mejorar la autoestima, confianza y seguridad, afrontar las dificultades como una oportunidad de crecimiento y desarrollo personal, estar centrado en el momento presente, sentirte libre, expresarte tal y como eres…). También es una experiencia donde trabajas la relación con los demás en un entorno diferente al que lo haces habitualmente y te permite darte el permiso de ser tu mismo y afrontar tu timidez, miedos y vergüenza.

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